Tras dos años en blanco, comienza a vislumbrarse la posibilidad de retomar nuevamente las celebraciones litúrgicas en las calles. Sin embargo, la sensatez obliga a los responsables a obrar con extrema prudencia, incluso en aquellos casos en que la normativa de la autoridad competente no pusiera traba alguna. La organización de un desfile procesional puede realizarse cumpliendo todas las normas preventivas contra la pandemia. Las cofradías, a lo largo de los meses que llevamos desde que comenzó la pesadilla, han dado muestras, en la mayoría de los casos, de cumplir escrupulosamente cuantas medidas aconsejaban los expertos para minimizar los riesgos de contagio. La distancia de seguridad y el uso de mascarillas no impide la celebración de una procesión y lo más problemático, la cuestión de las personas que van bajo el paso, podría solucionarse en algunos casos, con la utilización de pasos con ruedas, como ha hecho la procesión de Nuestra Señora del Carmen de Jerez de la Frontera. El problema más complejo, el que realmente trae de cabeza a los responsables de las Cofradías y a la autoridades, es el de la gente que se arremolina en el recorrido, el numeroso público que se agolpa en las esquinas, en las plazas y calles por donde discurre el cortejo incumpliendo uno de los mandamientos básicos: la distancia de seguridad. Un gentío que es, a decir de los expertos, situación ideal para la transmisión del virus. Desde este mes de julio de 2021, cuando comienza a declinar la que llaman quinta ola y con la mitad de la población vacunada con la pauta completa, se ve con cierto optimismo la posibilidad de una celebración cercana a la normalidad de la Semana Santa del próximo año. Por el camino, habrá ensayos. Seguramente saldrán a la calle algunas procesiones de Gloria. Otras, posiblemente, optarán por celebrar exclusivamente los cultos en sus respectivos templos. Pero todo ello irá conformando la posibilidad de materializar una Semana Santa que supere, en lo que atañe a manifestaciones en el exterior, a las de los dos años anteriores. Seguramente el horizonte de la próxima primavera, cuando lo previsible sea que la población esté a la espera de la tercera dosis, puedan celebrarse más actos que la última Semana Santa, que también superó a la que siguió al inicio de la pandemia en la que, como todos recordamos, se vivió con toda la población enclaustrada en sus domicilios. En cualquier caso, suceda lo que suceda, habrá una cosa cierta, las Cofradías no perderán la voluntad de seguir, pese a las dificultades, con la obra social, con sus cultos y con el resto de actividades, por más que su seña de identidad más conocida, no pueda celebrarse tal y como ellos quisieran. Julio 2021