Atribuida al escultor Alejandro Carnicero, la imagen es una figura de Cristo Resucitado que aparece victorioso tras volver del reino de los muertos. La talla, de madera policromada, presenta el cuerpo desnudo con el paño de pureza tallado en madera. Una figura de Nuestro Señor tan desnuda no debió parecer adecuada para procesionar por lo que en la inmediata posguerra las autoridades eclesiásticas de la ciudad la taparon durante algunos años con una túnica encarnada. Pasado ese periodo la imagen volvió a desfilar tal y como fue concebida por el autor, portando en la mano izquierda un estandarte que representa el Cordero Místico. La imagen del Resucitado tiene una altura de 156 cms. y su constitución es la de un hombre fuerte. Las heridas del martirio son patentes pero su representación pasa a un segundo plano para acentuar el resurgir de un cuerpo victorioso. La postura que adopta el cuerpo erguido es una posición clásica, muy repetida en el arte escultórico a lo largo de los siglos. La pierna derecha flexionada, en ademán de dar un paso, dota a todo el conjunto de una sensación de movimiento. La mano derecha, alzada a modo de bendición o saludo triunfal, también aporta un punto de dinamismo a la escultura. El paño de pureza muestra unos pliegues de hermosa realización. La cabellera se deja caer sobre los hombros y la espalda y presenta una barba bien perfilada. De la cabeza sobresalen tres potencias de orfebrería en plata dorada realizadas a mediados del siglo XIX por un joyero francés del que poco se sabe, si bien, según consta en las propias piezas, fueron donadas por los padres de la benefactora de la Cofradía de la Vera Cruz, Doña Gonzala Santana. El paso que desfila el Domingo de Resurrección por las calles de nuestra ciudad, sale acompañado por cuatro pequeños ángeles en cada una de la esquinas portando cada uno su propio instrumento musical simbolizando el júbilo del día de Gloria.
La atribución de esta talla al escultor vallisoletano Alejandro Carnicero se asientan en varias cuestiones: en primer lugar a las declaraciones de su hijo respecto a la autoría por parte de su padre de diversas figuras de la Semana Santa salmantina. Por otro lado, los rasgos estilísticos de la imagen de Jesús Resucitado son parejos a los del grupo escultórico "La flagelación del Señor" del que existe documentación que acredita su autoría. Nacido en la localidad vallisoletana de Íscar en 1693 se traslada a Salamanca donde se convierte en discípulo de José de Larra Domínguez con el que trabaja en la Catedral de Salamanca en la sillería del coro y algunas esculturas en piedra del exterior del templo. En la Plaza Mayor esculpió algunos de los medallones de reyes de España. Sin embargo es la Cofradía de la Vera Cruz de Salamanca donde es posible admirar una mayor concentración de obras debidas a su mano. Además de la atribución de la imagen del resucitado, es autor de dos grupos escultóricos: La Flagelación del Señor y El Balcón de Pilato. Además de Salamanca, otros lugares de España atesoran sus obras: el Palacio Real de Madrid, las catedrales de Oviedo, de León, de Cáceres y de Plasencia, así como el Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe.