Sábado Santo

Nuestra Señora de la Soledad

A pesar de que el paso de la titular de la Hermandad es una Virgen bajo palio, la procesión de la Soledad ofrece al que se acerque a ella una estética puramente salmantina. Los hábitos negros, las gentes comunes alumbrando, el rigor y la seriedad en el desfile no se acerca a la estética andaluza que otras cofradías buscan de forma abierta.
Quizás la petalada inicial, cuando el palio de la Virgen franquea la Puerta del Obispo de la Catedral Nueva, de donde sale, sea la única concesión a lo andaluz, continuando con un cortejo austero cuyo momento cumbre se centra en la Plaza Mayor, donde se canta el Ave María de Frank Schubert entre el silencio del público asistente y la oscuridad que se logra con el apagado de las luces para dejar la imagen de la Soledad, alumbrada con la propia candelaria del paso.
De ahí, se inicia el retorno a la catedral por las calles del Barrio Antiguo.

El Cristo de la Liberación

El Cristo de la Liberación, tras su traslado la noche del Viernes de Dolores, inicia su marcha penitencial saliendo del Colegio del Arzobispo Fonseca. Es una marcha fúnebre, que acompaña un Yacente de trágica expresión. Los vestidos de luto serrano y los cánticos gregorianos envuelven la fría madrugada en las estrechas calles del Barrio Antiguo en un desfile intimista y silencioso, de corte austero, muy castellano que pese a lo intempestivo de la hora, es cada vez más frecuentado por el público.

La Hermandad del Silencio

Ya por la tarde del Sábado Santo, desde el popular Barrio de Pizarrales, baja las empinadas escaleras de la iglesia parroquial de Jesús Obrero, la procesión de la Hermandad del Silencio, con sus dos pasos, el Cristo de la Vela y Nuestra Señora del Silencio iniciando el recorrido que la llevará hasta la Plaza Mayor.
Tras cruzar la Plaza de norte a sur, comienza su largo regreso para alcanzar el templo que cobija su sede y donde es esperado por numerosos vecinos del popular barrio.