Lunes Santo

El Cristo de los Doctrinos

Desde la iglesia de la Vera Cruz sale uno de los crucificados más hermosos de Salamanca. Cada Lunes Santo, a las 9 de la noche la comitiva de la Cofradía de la Vera Cruz inicia su andadura por las calles del Barrio Antiguo de nuestra ciudad.
Cuando comenzó a salir, allá a mediados de los 80, salía con música y pasaba por la Plaza Mayor. Sin embargo la procesión ha ido ganando austeridad y sentimiento. No lleva acompañamiento musical alguno y cuando los nazarenos que alumbran los pasos del Cristo y el de Nuestra Señora de la Amargura caminan entre los espectadores, un respetuoso silencio envuelve ese instante mágico. Solo el arrastre de las cadenas que el penitente que carga con una cruz lleva a modo de grilletes atadas a su pies, rompe la quietud de la noche.
A la salida se agolpa un gran gentío. En las inmediaciones de la Vera Cruz apenas queda hueco para poder contemplar el paso de la procesión. Ya iniciada, en las primeras calles por las que pasa, dos hileras de personas conforman el espacio por donde desfilan los nazarenos. Al doblar hacia la calle de la Compañía y comenzar su lento ascenso, posiblemente se alcanza el máximo de afluencia para ir despejándose poco a poco las calles cuando la procesión se acerca, por Francisco de Vitoria, a la Catedral. Una vez fuera del templo, el Cristo de los Doctrinos y Nuestra Señora de la Amargura, comienzan su camino de regreso. Ya no hay problemas para poder ver el paso del cortejo. Las calles están semivacías y cuando se alcanza la calle Traviesa, pocas son las personas que pueden contemplar la estampa íntima de un crucificado en la calle, en una calle estrecha y solitaria, por la que habitualmente son escasas las personas que transitan. El recorrido de vuelta es un recorrido de recogimiento, íntimo y personal, silencioso. Por esas calles de regreso, la procesión ofrece bellísimas estampas, casi siempre desconocidas hasta llegar, como cada año, a su sede de la Iglesia de la Vera Cruz.