La fundación de la Hermandad Dominicana en el año 1944 se produce conforme a una tradición muy arraigada en el entorno de la Semana Santa hasta aquellos años: el agrupamiento por razones de afinidad profesional. En este caso fueron los trabajadores relacionados con el mundo de las las artes gráficas y la prensa los que por aquellos tiempos de posguerra se reúnen en torno a la iglesia de San Esteban y comienzan a perfilar lo que el 27 de marzo del año citado, el Obispo Barbado Viejo erige oficialmente. La actividad de la recién creada Hermandad se vuelve frenética con el objetivo de poder salir esa misma primavera por la calles de Salamanca. Para ello cuenta con la imagen del Cristo de la Buena Muerte que se venera en su sede y además solicita al Obispado la cesión de la imagen de Nuestra Señora de los Dolores que se encuentra en una capilla de la Catedral Nueva. Con estas dos imágenes, la hermandad afronta su primera salida procesional la madrugada del Viernes Santo de 1944. La cita era a las seis de la mañana. Sin embargo, la lluvia a esa hora provoca un retraso y son finalmente las 6,45 cuando se inicia el cortejo. Aquella primera salida concita a un numeroso público en las calles y ello anima a los directivos de la hermandad a encargar imágenes de su propiedad. Los escultores Francisco González Macías y Damián Villar son los elegidos para tallar la Virgen de la Esperanza y Nuestro Padre Jesús de la Pasión respectivamente, a semejanza de las obras homónimas que se encuentran en Sevilla. Estas cuatro imágenes son las que en la actualidad siguen configurando el desfile que sale a las calles cada madrugada de Viernes Santo. La historia de la hermandad ha pasado, como no podía ser de otra forma, por múltiples vicisitudes. La crisis que afectó a la Semana Santa de Salamanca durante las décadas de los 60 y los 70, afectó de forma determinante al desfile y así, durante algunos años, las imágenes de Nuestra Señora de los Dolores y el Cristo de la Buena Muerte deben salir con ruedas al no disponer de hermanos de carga suficientes para su salida a hombros. Por fortuna, durante los años 80 vuelve a aumentar la nómina de inscritos en la cofradía y retorna el esplendor a la hermandad, no solo ya en la salida penitencial, sino en el resto de actividades. Se retoman los cultos, la acción social y se inaugura una sede social, próxima a la sede canónica, que supondrá un punto de encuentro entre todos los hermanos.
Tres son los hábitos con los que la Hermadad desfila en la madrugada del Viernes Santo. Todos ellos con igual composición a excepción del color de los capirotes, conformados por una túnica de lienzo de color blanco con una larga fila de botones de color negro. Se ciñe la cintura con un cíngulo de esparto de siete vueltas. Se cubre el conjunto con capa de raso negro. Los capirotes presentan tres colores: negro para los hermarnos que acopañan al Cristo de la Buena Muerte y Nuestro Padre Jesús de la Pasión, rojo para los que van junto con la Piedad y verde para los que alumbran a la Virgen de la Esperanza.
SANTÍSIMO CRISTO DE LA BUENA MUERTE
La imagen del Cristo de la Buena Muerte es un crucificado de autoría desconocida que data del siglo XVII. Representa un Cristo ya muerto con aspecto sereno y el cuerpo relajado. Sobre la cabeza reposa una corona de espinas exenta sobre una cabellera tallada al igual que una poblada barba. El estudio anatómico de la imagen no es excesivamente minucioso, si bien es una de las figuras de crucificado con más sangre representada ya que abundantes regueros se aprecian por todo su cuerpo, especialmente el que mana de la herida del costado infligida por Longinos. El paño de pureza es muy simple, solo el anudado en el costado derecho con el lienzo sobrante cayendo ofrece cierto virtuosismo. El madero sobre el que se asienta la figura es en la actualidad de tipo arbóreo, con cantoneras metálicas de color dorado.
NUESTRO PADRE JESÚS DE LA PASIÓN
El imaginero salmantino Damián Villar González realizó esta talla imitando la imagen del mismo título que se encuentra en el sevillano templo del Salvador y que con la misma denominación se atribuye al andaluz Juan Martínez Montañés. Se trata de un Jesús Nazareno con la Cruz a Cuestas en actitud caminante lo que las hace las más aptas para su salida en desfiles procesionales a costal, si bien esta imagen fue portada a hombros hasta que en la Semana Santa de 2023 se construye un nuevo paso para ser llevado a costal.
La imagen salmantina se talló en 1945 en la ciudad de Granada, donde trabajaba como docente en aquella época. Inicialmente se realiza con una altura de 1,70 mts. como talla de vestir, cabeza, manos y pies. Posteriormente, tras una restauración llevada a cabo en 2001, se le dota de un cuerpo con formas con el que llega a la altura de total de 1,90 mts. que ahora presenta. Su atuendo habitual en sus salidas procesionales en de color blanco decorado con dorados de oro. Especial atención merecen el tallado de las manos con las que imagen ciñe el madero dotadas de un gran dramatismo anatómico. El rostro, dotado de larga barba tallada, está recorrido por regueros de sangre de la corona de espinas que reposa sobre su cabeza, de la que brotan tres potencias doradas. La cruz que porta sobre el hombro izquierdo es de tipo arbóreo con cantoneras doradas.
NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES (PIEDAD)
Seguramente una de las mejores tallas que desfilan por las calles de Salamanca durante el tiempo de Semana Santa. Obra del imaginero vallisoletano Luis Salvador Carmona realizada en 1760. Es una escultura en la que aparecen María sosteniendo el cuerpo sin vida de su hijo Jesús, recién descendido de la cruz en la que aún se aprecia el lienzo del descendimiento. La talla es de madera policromada y corresponde al último periodo de su autor en plena madurez y maestría artística. La imagen de la Virgen María, sentada sobre una roca, está ataviada con manto rojo. Alrededor de la cabeza lleva un velo blanco y cubriendo el conjunto, una capa de color azul. Sobre su regazo reposa el cuerpo del Salvador, describiendo un arco que resalta la perfección del estudio anatómico llevado a cabo por el autor. El brazo derecho del hijo cae inerte hasta el mismo límite de la roca que sirve de soporte al conjunto. El rostro de la Virgen presenta un aspecto de tierno sufrimiento. Sus facciones son de una mujer muy joven que acusa el dolor de la pérdida de su hijo, pero que al mismo tiempo la acepta con resignación.
La composición del conjunto obedece a una concepción clasicista del tema, con una influencia notable de la famosa Piedad de Miguel Ángel, que Luis Salvador Carmona tuvo la oportunidad de contemplar en su estancia en Roma.
NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA
En 1944 la Hermandad encarga al imaginero bejarano Francisco González Macías una Dolorosa que imitara el estilo de la sevillana Macarena. Sin embargo el pequeño tamaño de la talla hace que se sustituya por otra de tamaño natural que realiza Damián Villar González 1952 y que sigue imitando el porte de la Dolorosa sevillana. Es ésta una imagen de vestir con cuello, rostro y manos. El rostro de la Virgen fue totalmente rehecho por el escultor sevillano José Javier Rodríguez Angulo en 2001 lo que motivó una fuerte polémica por cuanto el aspecto vivible de la Virgen se modificaba completamente, dando lugar a un pleito que mantuvo el autor Damián Villar González contra la Hermandad por no autorizar la modificación de su obra artística.
Al tratarse de una imagen de palio, uno de los elementos más característicos es el manto bordado que luce tanto en su capilla como en los desfiles procesionales que protagoniza. En este caso, el manto más famoso fue confeccionado 1979 con el material obtenido de los capotes de paseillo de tres de los toreros salmantinos más famosos de los años 70, Santiago Martín "El Viti", Julio Robles y El Niño de la Capea.
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