Con ocasión de las solemnes funciones celebradas en la Catedral, Universidad y en todos los templos de Salamanca, nuestra ciudad ha expresado una vez más su fe católica exteriorizando sus sentimientos de manera elocuente, visitando a Jesús Sacramentado y asistiendo a los oficios divinos.
Este año, si cabe superación, Salamanca la ha efectuado, pues no en balde el momento actual es indicativo de una manifestación religiosa en todas las provincias liberadas, contra los enemigos de la religión, que es consustancial con la Patria, y los desalmados rojos, preferentemente atentan y ejecutan actos contra todo lo que significa creencias católicas, llegando en su fanatismo, en su ateísmo, a destruir iglesias, asesinar ministros del Señor, como igualmente a los comulgantes en la Religión Católica.
En España se está verificando otra redención, y de esta surgirá nuevamente con más vigor, si cabe, las esencias cristianas que la engrandecieron e inmortalizaron.
JUEVES SANTO
En la Catedral, a las nueve y media de la mañana, el excelentísimo y reverendísimo Prelado de la diócesis, ofició de Pontifical, asistido por el muy ilustre señor deán, don Ceferino Andrés Calvo, como presbítero asistente; como ministros de honor, los muy ilustres señores don Pedro Salcedo, arcipreste, y don Francisco Valls, arcediano; como ministros de altar, los muy ilustres señores, don Tomás Redondo y don Santiago Prast, canónigos, y ministros de mitra y báculo, los beneficiados don Paulino Hernández Sierra y don Tomás Serna.
A la misa asistieron numerosos creyentes.
A ls doce se verificó la procesión Eucarística para colocar en el tabernáculo o Monumento a Jesús Sacramentado. Durante todo el día velaron la Hostia Santa los canónigos y beneficiados.
A las tres y media, se verificó el Lavatorio, lavando los pies nuestro Prelado a los doce apóstoles, asilados todos en la Hermanitas de los Pobres.
Estos apóstoles fueron: Justo Gabriel Sánchez, de sesenta y un años; Francisco Sánchez, de sesenta y dos; Juan Francisco García, de ochenta y uno; Mariano Sánchez Hernández, de sesenta y cuatro; Alejandro Sánchez, de sesenta y siete; Fausto Aparicio, de setenta; Ignacio Benito, de sesenta y nueve; Ildefonso de la Mano, de setenta y uno; Jesús Sáez, de sesenta y dos; Pascasio Montes, de setenta y tres; Manuel Lucas Román, de setenta y dos y Juan Francisco Guzmán, de setenta y siete.
Terminado el Lavatorio, ocupó la sagrada cátedra el muy ilustre señor don Francisco Ramos, que predicó el sermón del mandato, revelador de la humildad del Hijo del Hombre y recordatorio de aquella escena santa en que el Maestro lavó los pies a sus discípulos.
EL GENERALÍSIMO EN LA UNIVERSIDAD
A las ocho y media comenzaron los oficios divinos, asistiendo el invicto Caudillo y Jefe del Estado excelentísimo señor don Francisco Franco Bahamonde, acompañado de sus distinguida señora, doña Carmen Polo, y sus ayudantes.
Fue recibido el Generalísimo por el rector, los catedráticos y doctores que constituyen el claustro.
El Jefe del Estado ocupó una tribuna que se había levantado a la derecha del Evangelio.
Ofició de preste en la misa, el P. Genio, dominico, asistido por dos padres de la misma Orden.
La capilla dominicana cantó una preciosa misa.
Actuó de maestro de ceremonias el capellán de la Universidad, don Fabián Dorado, y asistieron a ella los catedráticos y doctores siguientes: don Esteban Madruga, rector de la Universidad; don Isidro Beato, decano de la Facultad de Derecho; don Manuel González Calzada, decano de la Facultad de Ciencias; don Mariano Sesé, presidente de la Junta de Capilla; don Manuel Jerónimo Barroso, director del Instituto; don Juan Domínguez Berrueta, catedrático jubilado; don Manuel García Blanco, don Isaías Sánchez Tejerina, don Francisco Maldonado, don Nicolás Rodríguez Aniceto, don Federico Hoyos, don Antonio García Boiza, don Fernando García Sánchez, don Leopoldo de Juan, don Emilio Román Retuerto, don Román Bermejo, don Francisco Diez, don César H. Anciones, el señor Serrano Suñer, don Ángel Vázquez de Parga, don Antonio Peláez, don Ernesto Blanco, don José García Revillo y don Manuel del Yerro.
El traslado de Jesús Sacramentado al Monumento se hizo procesionalmente.
Todos los señores catedráticos y doctores se aproximaron al comulgatorio, recibiendo el Pan de los Ángeles. Después, en la Sala de Profesores, por el Café Novelty, se les sirvió el desayuno, consistente en chocolate con bizcochos.
En todos los templos parroquiales y de las órdenes religiosas, la misa o los oficios divinos se celebraron también solemnemente, asistiendo las Cofradías Sacramentales y procesionalmente quedó depositado en el Tabernáculo el Augusto Sacramento.
Desde el primer momento, Salamanca visitó estos monumentos, viéndose todos los templos llenos de creyentes, como asimismo las calles concurridísimas. Se destacó en la visita a los monumentos la clásica mantilla española, llevada airosa y elegantemente por distinguidas señoritas.
También visitó los monumentos el Generalísimo Franco, acompañado de su distinguida señora, y su simpática y preciosa hija Carmencita.
Nuestro venerable Prelado recorrió las estaciones, y asimismo las autoridades militares y civiles y los niños de los Colegios.
Al ejercicio de la Hora Santa asistió numeroso público, escuchando las reflexiones que los oradores hacían sobre los momentos precursores del prendimiento del Redentor del mundo, Nuestro Señor Jesucristo, prendimiento que se efectuó en el huerto de Getsemaní.
En algunas parroquias practicaron la vigilia secciones de la Adoración Nocturna.
VIERNES SANTO. SERMONES DE PASIÓN
En San Pablo, a las seis de la mañana, y en la Catedral, a las siete, se pronunciaron los sermones de la Pasión con asistencia de centenares de salmantinos. Los oradores sagrados expusieron todos los momentos de la Pasión, desfilando ante la memoria y la conciencia del cristiano auditorio, el traslado de Jesucristo de Anás a Caifás y luego al Pretorio, como asimismo el paso por la calle de la Amargura, hasta llegar a la cima del Gólgota, donde se verificó la crucifixión del Hijo del Hombre, para redimir a la Humanidad.
Estos sermones produjeron santa emoción en el auditorio, viéndose a muchas personas verter abundantes lágrimas.
En la catedral y en todas las iglesias, en unas a las ocho y media y en otras a las nueve y media, se practicaron los oficios divinos, y a su terminación fue reservado Jesús Sacramentado.
En la Catedral adoraron la cruz los canónigos y beneficiados, depositando los tradicionales roeles, que dicen: “Dominum dei de dones tuis”. Y en la Universidad la adoraron los catedráticos, depositando dos pesetas cada uno.
El Jefe del Estado, con su señora y su hija Carmencita, asistió a las nueve de la mañana a los oficios divinos en la capilla de la Universidad, y acompañó también a la procesión eucarística para reservar a Jesús Sacramentado.
A la salida, le despidieron el rector, catedráticos y doctores.
A las once de la mañana, la Congregación de Jesús Nazareno, practicó el Vía Crucis, trasladándose desde San Julián a la Catedral, presidido por el señor Obispo.
La Congregación de Jesús Rescatado lo efectuó en Santo Domingo, lo mismo que la Hermandad de la Veracruz.
A las once y media, en la iglesia de la Purísima, pronunció una magnífica oración sagrada, comprensiva de las siete palabras que pronunció nuestro Salvador en la cruz, el P. Esteban, carmelita, y que fue radiado por Inter Radio Salamanca.
Cada una de las palabras divinas las estudió filosóficamente y teológicamente el sabio carmelita, y de todas ellas dedujo que venía a ser el testamento doctrinal y moral de Jesucristo.
A la una y media el P. Torres de la Compañía de Jesús, y en la Clerecía, pronunció también el sermón de las siete palabras, y ambos templos estuvieron completamente ocupados de devotos.
LA VIRGEN DE LA SOLEDAD
A las siete y media de la tarde, en la Catedral, donde se venera a María Santísima de la Soledad y donde la Hermandad tiene su residencia religiosa, y con asistencia de un concurso verdaderamente extraordinario de creyentes, pues estaba casi ocupado totalmente el grandioso templo, después de rezarse la corona dolorosa, ocupó la sagrada cátedra el reverendo padre dominico Guillermo Fraile, quien pronunció una hermosa oración sagrada, acerca de las tribulaciones de la Madre de Dios en su soledad, después de haberse cumplido las profecías de la muerte de su Divino Hijo en la cruz, para liberar a la humanidad del pecado.
A continuación se verificó una procesión solemnísima por las naves del templo a la que asistieron todos los hermanos y numerosos devotos de la Soledad.
Al lado de la santa imagen, formaron los mayordomos, don Valeriano Diego Bellido, don José Méndez, don José Alonso y don Salvador Justel.