En todos los templos de la capital se celebraron el Jueves y el Viernes Santo funciones religiosas, y a esta solemnidad respondió el sentimiento católico de Salamanca, concurriendo millares de fieles a los templos y también desfilaron ante los monumentos donde se encontraba expreso el Augusto Sacramento del Altara .
Se vieron en las calles, con ocasión de la visita estos monumentos, distinguidas y bellas señoritas luciendo la clásica mantilla española.
También comulgaron en nuestros templos miles de personas, de manera que si bien las procesiones no desfilaron por nuestras calles, el culto rendido por Salamanca a las funciones religiosas fue verdaderamente extraordinario.
Jueves Santo
En la catedral ofició de pontifical el ilustrísimo Prelado de la diócesis y al terminar la misa, se celebró la procesión eucarística para dejar expuesto el Augusto Sacramento en el monumento. A las tres de la tarde, se verificó el Lavatorio llamado de los Doce Apóstoles que estaba representados por doce ancianos asilados en las Hermanitas de los Pobres.
El Sermón del Mandato lo pronunció el beneficiado de la Catedral, don Claudio Zardain, que expuso con verdadera unción religiosa la significación del Lavatorio, que es revelador de la verdadero humildad que debe existir entre los hombres y un anatema contra la soberbia.
En la Universidad, las Padres Dominicos celebraron los oficios divinos y aparte de los numerosos fieles que asistieron a estos cultos, recordamos a los catedráticos y doctores siguientes: don Manuel González Calzada, don Emilio Román Retuerto, don Manuel García Blanco, don Juan Domínguez Berrueta, don Federico Hoyos, don Jesús Esperabé, don José Bustos, don Manuel García Boiza, don Nicolás Rodríguez Aniceto, el auxiliar señor Aniceto, don Ramón Bermejo, don Francisco Maldonado, don Teodoro Andrés Marcos, don Fernando García Sánchez, don Ángel Vázquez de Parga, don Isidro Beato, don Luis Hernández Contreras y don Manuel del Yerro. Al terminar la misa, se verificó la procesión claustral para depositar en el monumento la Hostia Sagrada.
Las varas del palio las llevaban los señores, González Calzada, García Sánchez, Domínguez Berrueta, Beato, Retuerto y Hoyos. Después, los catedráticos y doctores, en la Sala de Profesores, tomaron el desayuno, consistente en chocolate con bizcochos, servido por el café Novelty.
La Hora Santa se celebró en la iglesia de San Sebastián a las siete de la tarde, pronunciando el sermón el párroco, don Francisco de Asís González; en San Juan Bautista hubo Lavatorio y sermón del Mandato, que predicó el cura párroco; en la Clerecía, a las ocho de la noche, pronunció la Hora Santa el P. Aparicio, y en las Esclavas, el P. Vidal.
En los Carmelitas, a las tres da la tarde, hubo Lavatorio y sermón del mandato.
En la Hora Santa se hizo patente en este ejercicio las amarguras de Jesús en el Huerto de Getsemaní, haciendo sobre esto muy oportunas reflexiones.
Viernes Santo
Los Oficios Divinos se celebraron con la misma solemnidad y en la Catedral, también profesionalmente se verificó el retiro de Jesús Sacramentado del monumento.
Por la mañana, en la Catedral, el sacerdote don Eduardo Sánchez, pronunció el sermón de Pasión, asistiendo numeroso auditorio, y en San Pablo, a las seis de la mañana, don Fabián Dorado. En ambos sermones se expusieron los sufrimiento y amarguras de Jesucristo durante su tránsito hasta el calvario.
En San Martín, a las siete de la tarde, el sacerdote don Lucio González, predicó sobre la muerte de Jesús. En el Carmen, don Luis Hernández Contreras habló sobre la lanzada en el costado de Jesucristo. En San Sebastián, el párroco don Francisco de Asís, trató extensamente de la sepultura de Jesús, y en San Juan Bautista , también por el párroco, se pronuncio el sermón de Pasión.
En los Capuchinos, a las tres de la tarde, el P. Gabriel de Grajal, trató de la soledad de la Madre De Dios.
En la Clerecía pronunció el sermón de las Siete Palabras el Padre Brunet.
En San Juan de Sahagún, a las siete de la tarde el Párroco don Santos Jiménez, habló ampliamente de la Pasión.
En los Dominicos, a las doce, el P. Solís tuvo el sermón de las Siete Palabras, y por la tarde, el P. Urroz, el de la Soledad.
Para oír a los oradores, los templos estaban completamente abarrotados de fieles.
Por último, a las nueve y media de la noche, la Hermandad de la Soledad, celebró sus cultos, estando la Catedral, sobre todo la nave central, totalmente llena de fieles. Se rezó La corona dolorosa y después ocupó el púlpito el sacerdote don Bienvenido Romo, quien expuso los dolores de la Virgen Santísima al encontrarse privada de la existencia de su hijo Jesús. Hubo momentos en este sermón verdaderamente emocionantes.
El domingo de Resurrección, en los Dominicos, a las seis y media de la mañana y a las siete y media procesión del encuentro por los claustros.