Las solemnidades religiosas celebradas estos días en los templos salmantinos han constituido una fervorosa manifestación del sentimiento religioso de los fieles salmantinos visitando los Sagrarios y asistiendo a las ceremonias conmemorativas de la Pasión de Cristo Redentor.
El Jueves Santo, desde las once de la mañana hasta las once de la noche, fueron constantes y nutridas las peregrinaciones a todas las iglesias para acompañar a Jesús Sacramentado.
Jueves Santo
En la Catedral y en todos los templos e iglesias parroquiales se celebraron con la brillantez acostumbrada, los oficios divinos, asistiendo numerosísimos fieles.
En la Catedral, ofició el muy ilustre señor don Ceferino Andrés Calvo, deán del Cabildo. Terminaron los Oficios, acompañando procesionalmente a Jesús Sacramentado al Tabernáculo del monumento, el Cabildo catedralicio y los fieles.
Por la tarde, se verificó el Lavatorio, figurando como apóstoles doce asilados en las Hermanitas de los Pobres.
El sermón del Mandato, que es una sublime expresión de humildad, representativa del lavatorio que Cristo hizo a los Apóstoles en el cenáculo, lo pronunció el sacerdote don Jaime Flores, coadjutor de Nuestra Señora del Carmen.
En la Universidad, la junta de Capilla, que preside el Doctor don Mariano Sesé, se celebró también solemnemente la festividad.
A las ocho y media fueron los Oficios divinos, oficiando el padre Colunga de la Orden de Santo Domingo, y acompañado de dos padres dominicos. Asistieron a los oficios los señores don Enrique, don José y don Jesús Esperabé, don Federico Hoyos, don Manuel González Calzada, don Juan Domínguez Berrueta, don Isidro Beato, don José Bustos, don Francisco Madruga, don Nicolás Rodríguez Aniceto, don Manuel J. Barroso, don José Téllez de Meneses, don José García Revillo, don Teodoro Andrés Marcos, don Ángel Vázquez de Parga, don Ramón Bermejo, don Emiliano Rodríguez Risueño, don Nicasio Sánchez Mata, don Antonio García Boiza, don Eduardo Jiménez del Rey, don Manuel del Yerro Ruiz Zorrilla y don Emilio Román Retuerto.
El Augusto Sacramento del Altar, procesionalmente fue trasladado al monumento. Después, los doctores se desayunaron en la Sala de Profesores, tomando el desayuno, servido por el café Novelty.
Por la tarde, a las tres, en la iglesia de Padres Carmelitas, se verificó también el Lavatorio de pies, predicando elocuentemente el reverendo padre Hilario del Niño Jesús.
La Hora Santa, rememorativa del cenáculo, en el que instituyó Jesucristo el Sacramento de la Eucaristía, saliendo después acompañado de los apóstoles Pedro y los hijos del Zebedeo para el Huerto de los Olivos, donde Jesucristo pasó las últimas horas antes del prendimiento, la explicaron en el Carmen, don Jaime Flores; en los Carmelitas, el padre Rodrigo de la Virgen del Carmen, y en la Clerecía, don Ricardo Martín Portilla.
También se rezó en todas las iglesias el Vía Crucis.
VIERNES SANTO
Con la misma solemnidad del día anterior, se celebraron los Oficios Divinos, y procesionalmente, al terminar estos oficios, fue trasladado Jesús Sacramentado, del Tabernáculo del monumento al Altar Mayor, donde los oficiantes hicieron la comunión.
A las seis de la mañana y a las siete en la catedral, el muy ilustre señor don Tomás Redondo, y en la Trinidad, el muy ilustre señor don José Artero, pronunciaron ante numeroso auditorio los sermones de la Pasión.
Por la tarde, en la Clerecía, predicó el doctor don Lorenzo Alonso Rueda, el sermón de las Siete Palabras. En la Purísima, a las ocho, el virtuoso párroco, don Valentín González, pronunció elocuentemente el sermón de las Angustias y de la Soledad. En el Carmen, el coadjutor, don Luis Contreras, pronunció el sermón de la Lanzada.
En los Padres Capuchinos, el doctor don Francisco Pacheco, pronunció el sermón de la Soledad, y en San Julián, el elocuentísimo magistral de la Catedral de León, don Clodoaldo Velasco, que durante la semana ha predicado en la Trinidad, pronunció por la tarde el sermón de las Siete Palabras que Jesús desde el lábaro santo de la cruz, expuso antes de morir , y que son:
- ¡Padre, perdónalos, porque no sabe los que hacen!
- En verdad te digo que vendrás hoy conmigo al Paraíso.
- Mujer, ve ahí a tu hijo, discípulo, ve ahí a tu madre.
- ¡Dios mío, Dios! ¿Por qué me has desamparado?
- Tengo sed.
- Todo está cumplido.
- En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
El orador, grandilocuente, reflexionó y concretó sobre estas divinas palabras de perdón y redención.
En todos estos actos religiosos, el auditorio de fieles llenó los templos.
En la catedral, por la mañana, el Cabildo hizo la adoración de la Cruz, depositando en una bandeja los simbólicos rodetes y en la Universidad, los doctores también adoraron la cruz, depositando cada uno dos pesetas.
Por la noche, en la Catedral, la hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, hizo el rezo de La Corona dolorosa, predicando brillantemente el sacerdote don Eloy González Sánchez.
A continuación se verificó claustralmente la procesión, asistiendo numerosos fieles.