16 de abril de 1919. Miércoles Santo. El Salmantino. Portada

Semana Santa



Ha llegado, hombres, para todos nosotros, el tiempo de dejar a un lado el mundo, la materia, para ajustar nuestras cuentas, como buenos tenedores de libros, en el único negocio que individualmente nos atañe, y, piadosamente pensando, no puede dejarse para... mañana. Desde niños hemos llegado a esta época del año, en que parece que el corazón de los más empedernidos grita: "¡Perdón, penitencia, humildad, mansedumbre, obediencia!"
Repasando en nuestra imaginación los pasajes de la Sagrada Escritura, en lo que se refiere a la Pasión vemos como se cumplen todas las profecías y por las misma frases del Divino Jesús, antes de su vida pública, que dice: "Todavía no es llegada mi hora", sublime acto de paciencia y obediencia a su Eterno Padre. Después de milagros patentes, obra del Hombre-Dios, entra, por fin, en este domingo, llamado de Ramos, en la tierra que había de servirle de sepulcro; y aquella turba, que le saluda y aclama: "¡Hosanna! ¡Bendito sea el que viene en nombre del Señor!", más tarde, pasando solo unos días, brama de furia y salvaje alegría al ver que era la Divinidad por excelencia, salir o ser sacado a un balcón: ¡Ecce Homo!, o sea "He aquí el hombre". Aquello no era la figura de un hombre, ni siquiera la efigie: tan maltrecho lo habían dejado los que, por efecto de su egoísmo y envidia, no podían, no querían consentir que aquel Ser divino había sido enviado para ilustrar, para regenerar la humanidad por los siglos de los siglos, pagando con su propia sangre las faltas y pecados de los demás. Si siguiéramos por ese camino, queridos lectores, os tendría todo el periódico entero dándoos la noticia de lo que ya sabéis, de una vida que no tuvo ni tiene ejemplar y de una muerte que su sufrimiento no tuvo límites en lo moral y en lo material. Así pues, veamos si en estos días de paz y recogimiento, cada uno en su lugar, se representa esta sacratísimas escenas.
Existen en la actualidad. Herodes, Pilatos, Anás y Caifás; no han hecho más que variar de vestiduras y de lenguaje, pero no de procedimientos. También existe la chusma encanallada, que unas veces aplaude y otras muerde.
¿Nos falta para completar los personajes la divina figura de Jesús? No, también la tenemos y la hemos tenido en las cabezas de la Iglesia: León XIII, Pío X, Benedicto XV.
De estas cabezas de nuestra Madre la Iglesia y sus ministros y príncipes nacieron a su calor los Gremios, después los Círculos y más tarde los Sindicatos, que fueron, son y serán los que defiendas la paz, la justicia y los intereses legales de la clase trabajadora tomando como programa memorables Encíclicas e inimitables Pastorales, los que seguirán a Jesús, representado en su Iglesia y los que, a imitación de Pedro el Apóstol, cortarán la oreja o la lengua a los calumniadores o blasfemos. La chusma encanallada, con sus emperadores, se seguirá preocupando en vano de quitar el mundo al Justo, pues después de muerto quedará la Divinidad, para en el océano inmenso de la Eternidad seguir con el ideal que ostentamos en nuestro corazón, primero de cristianos y después de patriotas.