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Semana Santa 2023

Comenzaron los desfiles procesionales de la Semana Santa de Salamanca con la salida de la imagen de la Virgen de los Dolores de la iglesia de la Vera Cruz. Tras ella se ha iniciado un rosario de veintitrés procesiones y el acto del Descendimiento que se repartirán a lo largo de los diez días que dura el tiempo de la conmemoración más importante del calendario católico.
Todos los días al menos una cofradía saldrá a la calle y todas, sin excepción, pasará en una parte de su recorrido por el centro de la ciudad. Un buen puñado de ellas, la mayoría, transcurrirá por las calles del centro histórico, especialmente por Compañía, Libreros, Calderón de la Barca, Plaza de Anaya y Rúa Mayor.
Son estas calles las que concentran una mayor acumulación de personas que acuden para contemplar el paso de los cortejos procesionales y es ahí donde se producen atascos y aglomeraciones.
El obligado paréntesis de la pandemia parece haber provocado un aumento del interés por acudir a ver las procesiones de Semana Santa. Si en los años setenta, las procesiones atraían a poco más de un grupo de personas que jalonaban el itinerario de los desfiles, en la actualidad son masas humanas las que abarrotan las calles por las que transcurren las imágenes, atraídas por la belleza sensorial de la puesta en escena de los momentos de la pasión de Cristo. Cada vez son más las personas que se sienten hechizadas cuando se ven rodeadas por un entorno visual, sonoro y aromático, produciéndose en ellas una catarsis que libera el espíritu. Son muchas, cada vez más. Y de ellas, una cantidad muy importante, no creyentes, pero que acuden con respeto a contemplar el paso de los penitentes y de las tallas.
Pensar que las procesiones que se celebran durante la Semana Santa en multitud de localidades de toda España, es algo netamente religioso es no estar al tanto de la realidad. En su esencia, ciertamente es un hecho religioso, sin embargo, a su alrededor se han ido tejiendo a lo largo de los siglos un sinfín de elementos que configuran esta celebración en una festividad en la que se mezcla lo lúdico, lo festivo, lo social, lo cultural, lo artístico y por supuesto lo religioso. Un complejo asunto de carácter antropológico del que cada uno tiene su propia opinión que vierte al exterior en forma de defensa, de ataque, de comprensión o de adhesión inquebrantable. No hay más que echar un vistazo a los comentarios que los lectores de algunos medios digitales vierten con total libertad y en los que podemos encontrarlos burlones, agresivos, desafiantes, comprensivos, groseros. Una expresión popular que más allá de que se esté o no de acuerdo con ella, refleja algo inequívoco, la Semana Santa como elemento de festividad social, está más viva que nunca.
Otra cosa es la estructura que soporta la organización de todos los actos. Las cofradías, las Juntas y Consejos de Hermandades en no pocas ocasiones pasan verdaderos apuros para salir a la calle donde les espera una enorme multitud, muchas veces ajena a la dificultad del trabajo necesario para que los pasos y los penitentes desfilen por la vía pública.
Ese desequilibrio existente no es fácil de corregir. Dar a conocer la Semana Santa en mayor profundidad seguramente aumentaría el respeto del público hacia las cofradías. Pero eso implica esfuerzo por ambas partes y realmente resulta complicado pensar que una mayoría de espectadores pudiera interesarse por algo más que la mera contemplación de unas filas de penitentes con cirio y las esculturas a las que pasean por la calle. Incluso muchos de los que participan desde dentro, solo se implican en la última fase de Cuaresma y una vez colgado el hábito, tras la procesión, se desentienden de su hermandad hasta el próximo año.
La Semana Santa va con los tiempos, está profundamente arraigada en el tejido social y todas las modificaciones que sufra éste, influirán en esta celebración anual, de una forma u otra. Pensar en que esto es negativo o positivo es reducir la cuestión a algo extremadamente simplista. Seguramente ni lo uno ni lo otro. Es la sociedad la que genera las condiciones para la celebración de la Semana Santa y será la evolución de la propia sociedad la que nos diga cómo será la Semana Santa del futuro. La Iglesia, aunque parezca lo contrario, seguramente tendrá escaso margen de maniobra para conducir esta celebración por la senda de su ortodoxia, porque es la sociedad la que, como lleva siglos haciendo, expresa su peculiar forma de entender la religiosidad popular.

En plena Semana Santa de 2023

Abril 2023



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