Las puertas de la Vera Cruz se cierran. Tras una Semana Santa intensa, el Domingo de Resurrección marca el fin de los desfiles en la calle, dejando en ciertos rincones del centro de la ciudad, un vacío del que pocas veces podrá escaparse. Todo el bullicio de una Semana Santa plena se disuelve en pocos instantes tras cerrarse las puertas del templo que marca el inicio y el fin de las procesiones en nuestra ciudad. Cada uno retorna a su vida normal, a sus quehaceres habituales que se han visto, si no interrumpidos, ciertamente alterados durante unos días. Una desazón invade a cuantos viven este periodo de forma intensa, bien desde dentro, participando en las distintas cofradías, bien desde la acera, como espectador que asiste atento a un gran número de desfiles. Ahora, muchos meses de espera por delante hasta alcanzar el inicio de la próxima Cuaresma, cuando nuevamente las cofradías comiencen a desempolvar los enseres, a ensayar con los pasos, a trazar planes y organizar las muy diversas actividades. Pero antes de eso, muchos cofrades seguirán activos en la esencia de las cofradías, su acción social, que no entiende de fechas en el calendario y que se extiende durante todos los meses del año. Muchas son las necesidades y pocos los recursos, de ahí que la gran mayoría de cofradías se centren en colaborar con otras entidades como Cáritas o Manos Unidas en su labor de atención social. Las puertas de la Vera Cruz se cierran, sí, pero siguen abiertas ésas y las del resto de cofradías en su humilde y a la vez inmensa tarea de asistir a quien más necesita de su ayuda. Abril 2022