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La ignorancia como disculpa

En estos primeros días de la Cuaresma, ya se han producido las primeras faltas de respeto dirigidas a los símbolos de la fe católica. Suele ser habitual que en lugares donde la Semana Santa tiene profundo arraigo, se produzcan manifestaciones contrarias, más que a la Semana Santa en sí, a la Iglesia Católica en general, a través de sus imágenes o sus símbolos, amparándose en un derecho a la libertad de expresión que está claramente limitado en el ordenamiento jurídico y que protege no solo a la Iglesia Católica, sino a cualquier credo religioso.
Por desgracia no es algo actual. Viene produciéndose a lo largo de los siglos. Incluso en nuestra ciudad, en Salamanca, una capilla de la Catedral Nueva, nos recuerda un triste episodio acaecido en el siglo XVII en el que una imagen de la Virgen de la Inmaculada fue ultrajada en plena calle por opositores al Dogma de la Inmaculada Concepción de María. Así pues, nada nuevo bajo nuestro sol.
¿Cuál es la razón de la intolerancia religiosa y en especial contra la Iglesia Católica? Muchas personas argumentan los desmanes que durante siglos se han cometido en nombre de Dios. Incluso se justifica la animadversión hoy en día, merced a los abusos de índole sexual que han saltado a los medios de comunicación y que han hecho visible un problema que viene arrastrándose de muchos años atrás. Todo ello pesa, sin duda alguna. Sin embargo, ¿qué inclina a un joven, sin formación religiosa alguna, sin que haya tenido el más mínimo contacto con la Iglesia, a erigirse como látigo de una Institución que, pese a tener un lastre con tristes episodios, presenta un balance social claramente favorable?
Puede que haya varias respuestas a esta pregunta, muchos matices, pero seguramente a muchos nos vendrá una palabra a la mente: ignorancia. El conocimiento nos abre horizontes cerrados, nos coloca en la posición de otras personas que son diferentes, con intereses diversos, con formas de pensar, de ver la existencia y la muerte, contrarias a la nuestra. Aprender de los demás, conocer otras realidades nos hace más humanos. Y hoy en día, con la profusión de medios mediante los que se puede acceder a todo tipo de información, la empatía con el prójimo debía ser más sencilla que nunca y el desconocimiento y la ignorancia, en franco retroceso. Sin embargo, no es así y continuamos rodeados de un mar de incomprensión que, seguramente, tiene en la Iglesia Católica su correspondiente dosis de responsabilidad.
La Semana Santa, como expresión pública de la fe católica tiene detractores. A muchos molesta esta manifestación popular que recorre nuestra geografía, posiblemente lo que más, su multitudinaria participación. A nadie molesta una manifestación a la que solo va un puñado de personas pero nos molesta cualquier acto que interrumpa nuestra habitual forma de vida, cuando no nos sentimos partícipes del mismo.
Solemos utilizar la ignorancia como disculpa. Y por eso debemos luchar para que la ignorancia se disipe, para que el conocimiento se abra camino y sea el que determine, a través de la libertad individual, la forma de vida y las creencias que cada uno considere legítimas. Y siempre dentro del marco de las normas que rigen nuestra vida en sociedad, complementadas con la moral de la religión que cada uno, si así voluntariamente lo desea, practique.
El conocimiento no nos da la fe, pero sí ayuda a respetar al creyente. Todo queda resumido en dos frases llenas de sentido común y que todos debemos aplicarnos y no solo en el ámbito religioso.

SI NO CREES, RESPETA.

SI CREES, NO IMPONGAS.

Febrero 2021



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